Un día, mientras escribía, de mi cabeza nació una flor, era tan pequeñita, amarilla su color. Durante días la veía preocupada, pensando que hacer con ella, ¿Debería de cortarla? o regarla con una tetera?
Mientras me bañaba, cuidaba de ella; para que no se estropeara no usaba diádema.
Caminaba por la calle, todos me observaban de cerca, -¿Por qué tienes una planta en medio de la cabeza?
unos reían, otros se enfadaban, así que fui a mi casa y me cubrí de la pena.
Un sombrero de copa la cubría entera!
Un día soleado, cuando visitaba a la abuela, me miro sonriendo y dijo: -"Que jamás te de vergüenza!
"Esa flor que ha nacido es de gran belleza, ha crecido de tu alma, muestra de tu gran destreza- dijo-Debes alimentarla!"
-"Pero abuela, ¿con qué se alimenta?
"Dale tus grandes ideas, creatividad e imaginación y verás como pronto se convierte en una gran flor!"
Desde ese día, mucho la cuide, la alimentaba a diario, la cuidaba muy bien, y creció tanto que pesaba también!
Una noche de verano, la flor se desvaneció y en una forma de luz se convirtió. Me sentí muy triste al creer que la había perdido, lo cierto es que no, más bien en mi corazón se había metido. Ahí sigue creciendo, haciendo un jardín, donde mi niña interna juega, juega feliz.

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