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jueves, 20 de febrero de 2014

Meditación del recuento

Busqué un lugar en el mundo, creyendo que no lo tenía, vivía sin vivir, creyendo que algún día "viviría" caminé siendo infeliz, creyendo que la felicidad estaba en algún lado, y creí encontrarla en muchas cosas, que sólo fueron de un rato. Un día así de broma le pedí a dios ayuda, le dije: "si estás ahí, ayúdame" y de pronto me reí, "creo que dios no existe" -pensé- "¿por qué habría de molestarse por alguien como yo?" y de pronto me dio rabia y tristeza, y me sentí derrotada, y Dios me mostró poco a poco: comencé a entender que vine a este mundo por un motivo, empecé a vivir cada instante y saborearlo como una nieve en el verano, noté la alegría de las cosas simples, y de pronto ya no me sentía tan sola, me Di cuenta de mis faltas, y quería enmendarlas, pero al disfrutar la vida, ¡me pareció tan corta! Tantos años desperdiciados en tristeza, en soledad en sentirme como una víctima, cuando siempre tuve la clave para ser feliz, yo. Jamás me conocí, sólo me odié, y cuando logre entenderme, deseé más tiempo para perdonarme, cambiarme, valorarme. ¿Qué otros no lo hicieron? Es que yo jamás empecé por mi, por eso jamás pude defenderme, no con capa y espada, sino liberarme. Hoy veo la vida diferente, hoy la perspectiva es distinta, y me he perdonado por el tiempo perdido, y buscando entender el otorgado.

La niña

Aquella niña, que saltando va,
lleva un sueño,
lo quiere lograr,
sus manos agita, el sol
quiere alcanzar,
sus manos extiende
lo quiere tocar!
Un salto y otro,
no puede parar,
le gusta sus sueños,
los quiere lograr.