Hubo una vez una Comadreja, muy altanera y orgullosa, robaba el tiempo de los demás, pues nunca llegaba puntual.
Creía que los demás, siempre debían esperar, pues no consideraba su tiempo sin más,
A toda cita llegaba tarde, y los otros animales comenzaban a enfadarse.
Llegaba retrasada y sin disculparse, pues creía que todos debían esperarle; se sentía la única y la más importante.
Un día los animales del campo comenzaron a juntarse, para idear cómo una lección darle. Acordarón jamás volver a invitarle y si ella citaba, no presentarse; pues ya cansados estaban de sus orgullosos desplantes.
La Comadreja comenzó a quedarse sola, a ningún lugar la invitaban y nadie quería con ella juntarse. Se sintió enfadada y frustrada, pues nadie llamaba para hacer nada.
Enojada, aún creía que eran los demás los que equivocados debían estar.
Como el orgullo no quiso perder, se quedó sin amigos para hacer el tiempo perder.
No seas cariño, como la Comadreja, que por no ser puntual se quedó sola y sin amistad.
