Abuelito, como te extraño.
Cuando el sol tu cara tocaba,
y mi mano tomabas;
me llevabas a pasear.
Tu consejo me dabas,
siempre tu oración recitabas,
tu sonrisa regalabas,
aunque a veces pena guardabas.
Tus ojos siempre guardaron inocencia,
aún cuando tu cuerpo estaba en decadencia,
todo tu eras presencia,
siempre lleno de alegría y decencia.
Tus historias nos regalaste,
y tus risas nos brindaste,
jamás nos defraudaste,
siempre fuiste como un padre.
Abuelito, como te extraño,
ahora te has marchado,
un lugar en el cielo te has buscado,
más tu recuerdo conmigo ha quedado.